solealonso

AMOR

por | Feb 18, 2020 | Novias

Este es un capítulo del libro FROM ME TO YOU que Eau de Rochas. patrocinó para donar todos los beneficios a la fundación ANAR.

En este libro 35 mujeres escribimos una carta a nuestros hijos dándoles un legado para la vida. este es mi capítulo yo escribí mi carta y CASILDA SANCHEZ VARELA le dio buena forma.

las fotos son de Esi Serlein

EL AMOR

SE PUEDE CONTAR LO DE FUERA. DECIR QUE LLEVA VEINTE AÑOS DISEÑANDO UNOS MARAVILLOSOS VESTIDOS DE ALTA COSTURA PARA NOVIAS, MADRINAS Y FIESTA, Y QUE ANTES DE ABRIR POR SU CUENTA, LO HACÍA PARA FRIKI, LA TIENDA DE SU MADRE Y SUS TÍAS -Y UNA DE LAS MÁS BONITAS DE MADRID-. O SE PUEDE CONTAR LO DE DENTRO. Y HABLAR, POR EJEMPLO, DE SU VOZ HONDA. DE LA PAZ QUE EMITE. O DE SUS TRES HIJOS. JUAN, JAIME E ISABEL. SOBRE TODO, DE JAIME, QUE ES AUTISTA, Y COMO DICE SU HERMANA, “ARTISTA”. CON SUS DIBUJOS –PURA MODA- SOLE CREÓ ALGO DE JAIME, UNA MARCA DE CAMISETAS, SUDADERAS, ETC, QUE PRETENDE SER UNA ALTERNATIVA “LABORAL” NO SÓLO PARA SU HIJO, SINO PARA OTRAS PERSONAS CON DISCAPACIDAD INTELECTUAL. PARA ELLOS, SUS HIJOS, ESTA CARTA ESCRITA CON EL ALMA Y QUE LLEGA AL ALMA. PORQUE COMO ELLA DICE, “ENTRE ELLAS, SE ENTIENDEN”

Recuerdo con claridad el día en que nacisteis cada uno de los tres. El primero, tú, Juan. Era un sábado de sol, y cuando al fin supe lo que se sentía siendo madre, entendí también la razón por la que alguien podía llegar a matar. Había soñado con ese día desde que tengo uso de razón y cuando por fin llegó, me di cuenta de que aquél no era el final del sueño, si no el principio de todo. Tengo que confesar que al principio me sentí un poco asustada, pero enseguida me di cuenta de que sólo había una manera, una guía, una brújula para hacer las cosas bien: el amor. El amor era la medida de todo. Tenía que amar enormemente a vuestro padre y ahora también a ti, Juan. El primero de todo y de todos: primer nieto, primer sobrino, primer hijo…  Tenías que hacerlo todo bien, no podías decepcionar a nadie; y eso hacías, siempre esforzándote al máximo para tenernos a todos contentos. Siempre limpio, hablando perfecto… Decías que querías ser “un niño encantador” y que de mayor querías ser “tu padre”. No se podía pedir más.

Después nació nuestro tesoro, Jaime. El “diamante en bruto” como el mismo dice. Era un viernes por la noche y tu padre acababa de llegar de viaje. Naciste, querido Jaime, siendo un bebé precioso, sano y muy tranquilo. Los sustos nos los fuiste dando poco a poco. Fue tu ausencia de interés por casi todo lo que nos hizo sospechar que algo no iba bien. Después, las malas noticias se fueron acumulando en nuestros corazones, una detrás de otra, y hubo momentos en el que ninguno de nosotros tres; ni tu hermano Juan, ni tu padre ni yo, sabíamos bien qué sentir. Casi un año buscando un diagnóstico fue una prueba para nuestra paciencia y nuestro equilibrio. Al final, un título incierto, unas siglas, ajenas, TGD (trastorno generalizado del desarrollo), uno de esos términos médicos de los que nunca has oído hablar y que, de repente, pasan a determinar tu vida para siempre. Pero qué gran verdad es eso de que al final, son los niños los que hacen aprender a los padres. Nos dimos cuenta que lo que nos dolía eras tú; tú, que eras lo que más queríamos. Y aprendimos a abrazar lo que más nos dolía y cuanto más lo abrazábamos mejor nos sentíamos y el dolor se hacía más suave, casi desaparecía. De nuevo el amor como medida de todo, como la gran fuerza transformadora.

Poco a poco fuimos aprendiendo nuevos lenguajes para reírnos contigo, para ser felices

juntos, para tender puentes entre tú y nosotros. Entre tú y el mundo. Fue así como hice mi gran descubrimiento como madre: a vosotros, a los hijos, no hay que pediros si no daros. Dar y no pensar. Cuando tienes un niño que nunca hace lo que esperas, al que no le gusta que le beses, al que no le tranquiliza que mamá le abrace; se sienten muchas cosas distintas que no sé bien como definir. Una mezcla de desconcierto y de desorientación sumado a una sensación infinita de fracaso y de cierta culpabilidad. Fui tratando de superar todos esos sentimientos, de no encerrarme en ellos, tratando de abrir mi corazón para poder quereros a los dos, Juan y Jaime, como debe querer una madre a sus hijos: sin medida.  Me di cuenta, Jaime, de que yo te estaba pidiendo que me dieras cosas que no podías darme, y fue así como y descubrí la alegría de dar sin esperar, de dar sin pensar. De dar, a secas.

Entonces llegaste tú, Isabel, de la que siempre me olvido hablar porque nunca nos has dado ningún susto. Contigo todo ha sido siempre fácil, lo cual, después de tener a Jaime era una tranquilidad inmensa. Tú, siempre feliz, conforme, siempre positiva; tú que el primer día que fuiste al cole volviste muy contenta porque “te habían invitado a comer”, tú que no ves a Jaime autista, si no “artista… Nos dabas -nos das- la sensación de que algo estábamos haciendo bien. Y ese algo como es que no podemos quedarnos en las penas y en las tristezas, si no que hay que abrazarlas y llegar incluso a amarlas porque son parte de nuestra vida. Cuando amas lo que duele, deja de doler.  Este secreto es el secreto de la eterna alegría y de la verdadera paz interior. Eso lo hemos aprendido los cinco juntos. Dibujándolo todo, hemos ido creciendo todos juntos, dándonos cuenta de que cada pequeño detalle es importante y cada gesto fundamenta. Da igual en un dibujo, con una persona, en la vida… Y otra vez me doy cuenta de que la medida de todo es el Amor. Ese amor que todo lo abraza, todo lo comprende y al final, todo lo vence.

Mamá

2 Comentarios

  1. Gloria Garcia-Mina

    Cuanto ayudas!!!! Gracias por tu generosidad.

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  2. Manuela González Antuña

    Me gustó mucho tu carta, todo eso y más es lo que pienso yo, mejor dicho nosotros

    Responder

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